Uso progresivo de la fuerza: cuándo aplicar cada nivel según la doctrina

Uso progresivo de la fuerza: cuándo aplicar cada nivel según la doctrina

Uso progresivo de la fuerza: cuándo aplicar cada nivel según la doctrina

En el trabajo de seguridad pública y defensa, una de las decisiones más complejas es determinar el grado de fuerza razonable ante una amenaza. No se trata de una fórmula rígida, sino de un proceso táctico, jurídico y ético que busca proteger tanto a la población como al personal operativo. La doctrina del uso progresivo de la fuerza establece una escala de niveles para que los agentes actúen con criterio, proporcionalidad y responsabilidad.

¿Qué es la doctrina del uso progresivo de la fuerza?

Es un modelo conceptual que ordena las diferentes respuestas que un elemento de seguridad puede emplear frente a una situación de resistencia, agresión o peligro. Estos niveles van desde la simple presencia física hasta el uso de fuerza potencialmente letal. Su objetivo no es justificar la violencia, sino limitarla y orientarla, permitiendo que el operador evalúe cada escenario y elija la opción menos dañina que sea eficaz para controlar la situación.

Esta doctrina se apoya en estándares internacionales de derechos humanos, en normas constitucionales y en las leyes nacionales que regulan el uso de la fuerza. También forma parte de la cultura institucional de las fuerzas armadas y de los cuerpos policiales, donde se enseña que la fuerza no es un fin en sí mismo, sino un recurso de última ratio.

Fundamentos normativos y doctrinarios

En el plano nacional, la Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza y los manuales de la Secretaría de la Defensa Nacional establecen los lineamientos para los cuerpos de seguridad. En particular, el manual de reglas de uso de la fuerza de la SEDENA (DN-M-10-3) desarrolla los principios operativos que deben guiar la actuación del personal castrense y de la Guardia Nacional.

Marco jurídico aplicable

El uso de la fuerza no es un acto discrecional. Está sujeto a controles legales que exigen que todo empleo de la fuerza sea legal, necesario, proporcional y racional. Además, debe existir un informe posterior y la posibilidad de revisión por parte de autoridades administrativas, jurisdiccionales y de derechos humanos. La doctrina integra estos requisitos en el entrenamiento táctico diario.

Principios del uso de la fuerza

  • Legalidad: la fuerza solo puede emplearse conforme a las atribuciones y límites previstos en la ley.
  • Necesidad: debe ser el último recurso cuando otros medios hayan fracasado o sean claramente ineficaces.
  • Proporcionalidad: el nivel de fuerza debe corresponder con la gravedad de la amenaza y con el nivel de resistencia que se enfrenta.
  • Racionalidad: el agente debe actuar con inteligencia, evaluando el entorno y las consecuencias previsibles de sus acciones.

Niveles del uso progresivo de la fuerza

Aunque cada institución puede nombrar los niveles de forma distinta, existe un consenso general en la doctrina operativa. Estos niveles no son compartimentos estancos: el agente puede avanzar o retroceder de nivel según la evolución de la amenaza. La clave está en documentar y sustentar cada cambio de nivel.

Nivel 1: Presencia

Es el nivel más bajo y consiste en la mera presencia física del elemento de seguridad. Con su uniforme, equipo y actitud proyecta autoridad y disuasión. La presencia puede prevenir delitos y aplacar situaciones tensas sin necesidad de contacto verbal o físico.

Nivel 2: Comunicación y persuasión

En este nivel, el agente utiliza la voz, el lenguaje corporal y la negociación para obtener cooperación. Se emplean órdenes claras, tono firme y respetuoso, y en muchos casos técnicas de diálogo que reducen la tensión. Este es el nivel ideal en la mayoría de los conflictos cotidianos.

Nivel 3: Control físico

Cuando la comunicación no basta, el agente puede recurrir a técnicas de control manual: contacto guiado, inmovilizaciones, empujones controlados o sometimiento físico. Se trata de aplicar la mínima fuerza necesaria para dominar a una persona sin causar lesiones graves. La capacitación en defensa personal es esencial aquí.

Nivel 4: Fuerza no letal o menos letal

Incluye el uso de bastones tonfa, gas pimienta, pistolas taser, escudos y otros dispositivos diseñados para incapacitar temporalmente. La denominación correcta es menos letal, porque aunque su riesgo de muerte es bajo, no es inexistente. Su empleo debe ser estrictamente proporcional ante una agresión activa que ponga en peligro la integridad del agente o de terceros.

Nivel 5: Fuerza letal

Es el último escalón del continuum. Se justifica únicamente ante una amenaza real, inminente y grave de muerte o lesión grave hacia el agente o hacia otra persona. No se emplea para castigar, sino para neutralizar una amenaza que no puede ser detenida por ningún otro medio. La puntería, la disciplina y el juicio táctico son factores críticos en este nivel.

Criterios para aplicar cada nivel

Determinar cuándo pasar de un nivel a otro no siempre es sencillo. La doctrina del uso progresivo de la fuerza propone analizar el contexto, la conducta del sujeto, la capacidad del agente y el entorno. Ningún indicador por sí solo justifica un nivel de fuerza, pero la combinación permite tomar mejores decisiones.

Evaluación de la amenaza

Existen tres categorías de amenaza que suelen usarse en la doctrina: amenaza simple, agresión no letal y agresión letal. Ante una amenaza simple puede bastar la presencia o la comunicación. La agresión no letal permite pasar al control físico o a herramientas menos letales. Solo la agresión letal autoriza el nivel de fuerza letal.

Proporcionalidad y escalada

La proporcionalidad no significa que el agente deba esperar a recibir un golpe para actuar. Significa que su respuesta debe ser adecuada al peligro percibido, de acuerdo con los conocimientos y experiencia que se le exigen. Además, la doctrina reconoce que la desescalada es tan importante como la escalada: si la amenaza baja, el nivel de fuerza también debe bajar.

Doctrina en las fuerzas armadas y de seguridad

En el contexto de las fuerzas armadas, el uso de la fuerza se encuentra regulado por manuales y protocolos específicos. La SEDENA ha desarrollado el manual DN-M-10-3, que establece reglas claras para el personal del Ejército y la Fuerza Aérea. Este manual es una referencia obligada para la Guardia Nacional y para las fuerzas de seguridad que participan en operaciones conjuntas.

La doctrina naval y su aplicación en el mar

En el ámbito marítimo, la doctrina del uso de la fuerza también tiene una traducción específica. Las unidades navales requieren criterios para operaciones de interceptación, inspección y control. Los fundamentos de la doctrina naval mexicana (DAM-1) ofrecen un marco para entender los principios operacionales y estratégicos en el mar, incluida la protección de puertos y la seguridad marítima.

Seguridad interior y operaciones especiales

Durante las operaciones de seguridad interior, como las que se desarrollan bajo el Plan DN-II en apoyo a las autoridades civiles, la aplicación de la fuerza debe seguir reglas de actuación muy estrictas. El marco del Plan DN-II de seguridad interior define objetivos de pacificación y restauración del orden, por lo que el uso de la fuerza se vincula directamente con la legalidad y el respeto a los derechos humanos.

Además, los manuales de derechos humanos para el Ejército y la Fuerza Aérea constituyen una herramienta esencial para que los elementos comprendan los límites de su actuación. Estos manuales no son un obstáculo para la operación, sino una garantía de legitimidad y confianza pública.

En contextos de mayor intensidad, como un conflicto armado o una guerra irregular, el uso de la fuerza se rige por principios distintos, contemplados en los manuales de operaciones militares. La transición entre el orden civil y el orden militar exige reglas de enfrentamiento muy precisas y una cadena de mando que evalúe constantemente la situación.

Conclusiones

La doctrina del uso progresivo de la fuerza es una de las herramientas más importantes para evitar abusos y garantizar la eficacia operativa. No se trata de un guion inflexible, sino de un marco de referencia que ayuda al personal a tomar decisiones difíciles en fracciones de segundo. El entrenamiento constante, el conocimiento jurídico y la supervisión son elementos indispensables para que cada nivel se aplique correctamente.

Saber cuándo usar la presencia, la comunicación, el control físico, la fuerza menos letal o la fuerza letal no es solo una exigencia táctica: es una obligación ética y legal. Las instituciones de seguridad y defensa deben seguir fortaleciendo sus manuales, simulacros y programas de capacitación para que el uso de la fuerza siga siendo el último recurso y nunca una respuesta automática. Solo así se protege a la población y se mantiene la credibilidad de las instituciones.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *